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lunes, 7 de diciembre de 2015

Efecto espectador.

Este experimento se llama ¨El Efecto Espectador¨. Su desarrollo es más sencillo de hacer de lo que parece, aunque es muy impactante y puede enseñarnos cómo somos en realidad. En el experimento participaban un hombre y una mujer, ambos actores.
 Primeramente, el hombre, vestido con ropas descuidadas y con una cerveza en la mano, semejando que estaba borracho, se sentó en unas escaleras por donde transitaban muchísimas personas, y, aunque parecía estar pasándolo mal, ninguna de ellas se acercó en veinte minutos a preguntarle ni siquiera que qué tal iba todo. Por el contrario, se vistió con un smoking e hizo prácticamente lo mismo, y, asombrosamente, sólo tardaron unos segundos en prestarle ayuda y, hasta la policía llegó allí.

Del mismo modo, la chica se sentó con ropas descuidadas, exactamente igual que la primera ocasión del chico y, asombrosamente, los mismos resultados, nadie paró a cuestionar su estado en un cuarto de hora pero, cuando se cambió de ropa, los resultados fueron totalmente distintos. EL excesivo cuidado de imagen de la chica hizo que inmediatamente las personas que por allí pasaban cuando ella se sentó allí le preguntaran qué le pasaba y si todo iba bien.


Desde mi punto de vista, en muchísimas ocasiones pasamos al lado de vagabundos y no nos preocupamos lo más mínimo de su aspecto y ni siquiera les preguntamos si necesitan algo. Ya desde pequeño aprendí que había que ayudar a la gente necesitada. Estaba en Valencia cuando un vagabundo se acercó a mi padre y le pidió dinero para comer, lo que mi padre respondió invitándole a un bocadillo de calamares que para él fue todo un manjar. Tengo grabado ese momento en la retina y para mí fue una gran lección. Para todo el mundo debería ser bastante normal poder ayudar a los que más lo necesiten por lo que es importante que desde pequeños los niños vayan aprendiendo a ser solidarios con los más necesitados, a ayudar sin escuchar la palabra ¨socorro¨, sino a ayudar por orgullo propio. Así, construiremos una sociedad mucho más empática y al menos, a nivel social, todo será mejor, que sería un gran e importante paso.

Experimento Milgrant.

En este tema se nos ofrecieron varios documentales en los que se representaban varias investigaciones llevadas a cabo para conocer unos interesantes resultados.

El primer experimento, ¨El Experimento Milgram¨, intenta averiguar hasta dónde pueden llegar los límites de respuesta de gente normal frente a la autoridad, es decir, hasta qué atrocidades son capaces de llegar únicamente por cumplir las normas. Querían ver supuestamente cómo el castigo influía en el aprendizaje a través de una máquina que producía dicho castigo. Se hacían parejas, aunque a las personas con las que iban a experimentar de verdad eran siempre las que daban ese castigo, no la que sufrían el mismo.  A los maestros se les facilitaban varias preguntas que los alumnos debían responder correctamente. En caso de que no, se les daría una descarga eléctrica. Todos eran actores, excepto los maestros, los cuáles querían saber hasta qué límite llegaban, sabiendo el voltaje de la descarga y escuchando los gritos de los alumnos.

Los resultados fueron increíbles. Los maestros, pese a los continuos gritos de dolor que escuchaban, continuaban haciendo preguntas únicamente por hacer caso a la autoridad, al jefe de la operación que les decía que debían seguir para completar correctamente el experimento.


Desde mi punto de vista, creo que en éste experimento pudo verse hasta dónde el ser humano puede llegar únicamente por hacer las cosas que se deben hacer. En muchas ocasiones hay que saber mirar las cosas desde otra perspectiva, anticipándose a los resultados y viendo qué debemos hacer y qué no de acuerdo a nuestro justo conocimiento, y sin embargo, desechar esas ocasiones en las que no vemos las cosas de una forma coherente y simplemente continuamos haciendo una acción sin saber las repercusiones o únicamente, como en el experimento, por obedecer las normas.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El sistema educativo español. Reflexión.

En este tema pudimos ver cómo el sistema educativo español está formado, los frutos que se consiguen y lo que en algunas ocasiones deja que desear, tanto para alumnos como para padres y profesores.

Soy un chico de 18 años, y desgraciadamente, no me gusta lo que a continuación argumentaré. En el sistema educativo español, algo falla. Recuerdo las primeras clases de matemáticas en la universidad, donde el profesor nos preguntó varias cuestiones sobre geografía, algo tan aparentemente normal como la posición del Cabo de Buena Esperanza para explicarnos un acontecimiento histórico que creo recordar que fue el descubrimiento de América de 1492. Puede parecer surrealista, pero si chicos y chicas de 18,19,20,21 años que componen la clase de magisterio, formada en su totalidad por unos 80 integrantes, algo falla y mucho. Puede parecer un hecho puntual, mera coincidencia... pero no. Días después, el profesor preguntó de nuevo quiénes eran los Reyes Godos y la respuesta fue un incansable silencio de un minuto que sólo se cortó por : ¿ De verdad no sabéis responderme?, que el mismo profesor entonó a la clase.


El sistema educativo español provoca que los alumnos seamos meros vagabundos en la educación, que únicamente nos dediquemos a pasar exámenes, a aprobarlos y quitarnos materia para así estar más liberados de cara a los siguientes exámenes propuestos y que no retengamos apenas nada de lo que hemos estudiado y, si lo que estudiamos no sirve nada mas que para aprobar el examen y quitar materia como anteriormente he dicho, algo debe fallar sin duda alguna. ¿ El qué ?